INDIGNACIÓN ANCESTRAL
Por Zenón Ramírez G
Desde la llegada de los conquistadores, luego de los colonizadores europeos al inicio del Virreinato y hasta años recientes, bajo la protección de las autoridades emanadas de la conquista, después de la Independencia y de la Revolución Mexicana, el trato a los indígenas ha sido indigno, vistos como seres en pecado, animales de carga y de trabajo, todo por oler a sudor, no hablar ni entender la lengua española ni vestir como “gente de razón”.
Escenas cotidianas llevadas a muchos films como en “La ley de Herodes” dan muestra de ello.
Recuerda una compañera de medios, que trabajando en la sierra de Huayacocotla, una mujer indígena le comentó que allá en Zacualpan un alcalde le había dado material para construir una casa, en un terreno que ella pidió prestado y sus escrituras eran solo una foto que le habían tomado con el alcalde. Que otra mujer indígena le dijo llorando: "nos van a quitar Oportunidades, porque no apoyamos al candidato del presidente". Constató el trato indigno que reciben por ser indígenas.
La indignación es ancestral, siempre vistos por abajo, como ajenos a su propia tierra. Hoy como íconos de ciudad mágica.
Obligados a integrarse a la cultura dominante, a través de la Iglesia, la escuela y la familia, los niños fueron castrados de su identidad. Los maestros –mestizos en su mayoría- no permitían que sus alumnos hablaran en su lengua materna, quien lo hacía era severamente castigado o ridiculizado ante los ojos de los demás.
Para evitar los desprecios y las burlas de la gente de la ciudad, de la gente de razón, que no dieran lástima, ni los trataran como tontos, los padres castraron a sus propios hijos. En tanto entre los adultos hablaban en su lengua indígena, a los hijos les hablaban en un mal español. Todavía se escucha en algunos sectores en tono de mofa arremedar la forma de hablar “el castilla” de nuestros indígenas.
Y los menospreciamos sin ver que quien domina por lo menos dos lenguas: la indígena y el español, domina dos formas de construcción del pensamiento totalmente diferentes. ¡Cuánto trabajo nos cuesta aprobar la materia de lengua extranjera! Y sin embargo nos vemos superiores.
Esa misma cultura dominante que hizo que los indígenas cambiaran la blancura de su traje autóctono por el traje de color, para verse igual a la gente de razón. Esa misma gente que cuando llega “la María” ofreciendo hasta las puertas de su casa sus productos, les regatea el justo precio que piden en pago, por el esfuerzo que realizan para sobrevivir.
En ese proceso los indígenas fueron perdiendo sus costumbres y su razón de ser. Convertimos la ciudad sagrada de El Tajín en un punto de encuentro con la identidad y con los vicios, donde los voladores perdieron su ritual y dignidad para pedir limosna a sus espectadores, donde los curanderos suplantaron la fe por el dinero. Convertimos la ciudad tradicional en un Pueblo Mágico.
En ese mismo proceso fuimos prostituyendo sus ceremonias para venderlas como espectáculo, por que eso impulsa la industria sin chimeneas, atrae el turismo, llenan los hoteles y ganan los inversionistas.
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